Alrededor de las once de la mañana llegué a la escuela N°23 de El Arbolar para ver los avances en el invernadero. La directora, Claudia, con el resto de las directoras de la zona, estaba en una capacitación en San Miguel de Tucumán, asi que hablé con Américo, el conserje, que me mostró el invernadero que viene avanzando muy bien. Cuando fuimos a ver la biblioteca los chicos estaban terminando de almorzar, los saludé y me quedé charlando un ratito con algunas maestras. Después fuimos a la biblioteca, que hoy la usan también como depósito y como aula.
Después de almorzar fui a la escuela N°217 de El Bañado. El objetivo era terminar de organizar todo para la jornada del día siguiente que realizaríamos junto a voluntarios de Banco Columbia. Cuando llegué, los chicos estaban en el patio ensayando los bailes para el acto del 9 de Julio, y los maestros Orlando y Fredy estaban terminando de ponerle enduído a la pared para poder pintarla al día siguiente. Lo primero que hice fue ir con Orlando a ver el invernadero, que ya desde el auto pude ver que ya estaba terminado. Me mostró lo que ya tenía sembrado adentro (lechuga, tomate, frutilla, aji, etc.). Después fuimos a la huerta donde ya habían plantado ajo, habas, arvejas, membrillo, etc. Hablamos de cuáles eran las actividades más importantes para realizar al día siguiente con los voluntarios. Me despedí y me fui para la escuela de Colalao.
En la escuela N° 32 de Colalao del Valle también pude ver los avances en el invernadero. La huerta estaba mucho más linda que la última vez, había alumnas regando y habían puesto carteles para señalar cada cultivo. Conversé un rato con ellas y después me fui.
Jornada de voluntarios del Banco Columbia.
Me levanté temprano para llegar a la escuela y organizar todo antes de que lleguen los voluntarios del Banco Columbia. Cuando llegué ya estaba el maestro Orlando que era quien iba a coordinar el equipo de huerta, y el maestro Fredy encargado de coordinar el equipo de pintura, junto a algunos niños y madres. Lilian, la directora, también había llegado, asique la saludé y separamos los materiales para cada grupo. Los que estábamos, empezamos a lijar las paredes mientras esperábamos a que lleguen los voluntarios. Alrededor de las 11.30 llegaron los 13 voluntarios de los cuales tres eran de Salta, una de Buenos Aires, y el resto de Tucumán.
Antes de comenzar a trabajar todos juntos, nos reunimos para que la directora nos diera la bienvenida, y yo contara sobre la Fundación y cuál era el motivo de ese encuentro. Luego, los 45 que éramos en total entre docentes, padres, niños, voluntarios del Banco, y yo nos pusimos a trabajar. Un grupo comenzó a trabajar en la huerta, donde cavaron un canal de 100 metros en total, para poder colocar la manguera para el riego de la huerta y el invernadero, y luego colocaron los grifos para completar la instalación del riego. El resto nos dividimos para terminar de lijar y comenzar a pintar la pared y las ventanas del frente de la escuela y algunos pizarrones que hacían falta.
Alrededor de las 14 hicimos un descanso, y nos sentamos a almorzar todos juntos unos panchos y hamburguesas que nos habían preparado algunas de las maestras, y a charlar y compartir un rato. Después seguimos trabajando, teníamos que darle la segunda mano de pintura a las paredes, y terminar de pintar algunos marcos, y en la huerta cerraron los canales para el riego.
A las 16.30 nos sacamos una foto grupal y los del Banco Columbia entregaron unos libros, juegos didácticos y algunos útiles recolectados durante la campaña que realizaron en el mes de junio. Además entregaron una computadora que fue instalada por el maestro Raúl y se comprometieron a comprarles un torno para madera para que los chicos puedan realizar mates, platos de maderas, y diferentes elementos en el taller.
Luego tomamos la merienda todos juntos, mientras acomodábamos y limpiábamos todo, y cada uno comenzó a irse para su casa.
Fue una linda jornada, de mucho trabajo por parte de los voluntarios y los docentes, pero además de los padres y los niños. Para la directora fue muy emocionante que los padres se acercaran a la escuela para ayudar en las diferentes tareas. Fue lindo ver a los niños pintando su propia escuela, manchados de blanco por el entusiasmo que ponían en el trabajo. Todos se volvieron cansados, pero sobre todo muy contentos por el día, ya que fue una jornada de gran alegría, y con ganas de volver a juntarse en un futuro para seguir haciendo cosas para la escuela y la comunidad










































